
La conquista contiene algún tipo de compuesto adictivo en su naturaleza intrínseca. Viendo como los Españoles dilapidaban su fortuna; británicos y holandeses se lanzaron a la colonización de Asia. Una extensión basta, pacífica y paradisíaca, repleta de mujeres esbeltas y bellas, como la promesa de dinero que literalmente crecía en los árboles; las especias.
Más preparados para la guerra que para el comercio, la piratería arraigó en el Océano Índico, arrastrando con ella las intenciones de monarcas europeos que perseveraban en su actitud recolectora y expendedora de divisas, sin comprender el verdadero concepto ‘Economía’. Pero visto que el comercio de metales preciosos no iva a ser cuestión de llegar a un territorio inexplorado, aniquilar a los nativos y robarles todo aquello que tuviera valor; los colonizadores comprendieron que el nuevo nivel de explotación iva a tener que contar con sus propios medios técnicos para prosperar. Así nació la industrialización en el siglo XVII.
Ya era demasiado tarde para andarse con rodeos. Así que se industrializaron territorios orientales donde el analfabetismo para con nuestra cultura imperaba. Debió parecerles muy fácil a los conquistadores occidentales engañar a los aborígenes de esas tierras vírgenes. Debieron pensar que ese primer paso garantizaría la paz de forma permanente y por eso firmaron un sin fin de documentos falsos con los líderes tribales, que luego no dudaban en romper en sus narices cuando consideraban que sus servicios ya habían prescrito.
Pero eso no diezmó la ingente flota de piratas que ya había hecho su hogar de la mar. Tampoco se invirtieron esfuerzos en reciclar el enorme dispendio que suponían los procesos de industrialización que, por su propia impericia, quedaron a medias. Y ni mucho menos garantizó la paz en un territorio que, en primer lugar se caracterizaba por su identidad nativa.
Me preguntó donde estaran ahora los aborígenes que debían vivir en las islas Seychelles antes de los ensayos nucleares de EE.UU. Dónde los habitantes nativos de las islas más orientales de África [Saint Denis o Port Louis]. La respuesta puede que no sea agradable. Como tampoco lo debió ser la intolerable e inquisitorial expulsión de judíos que se produjo en España, Italia, etc… en esa misma época. Será que la industrialización nos deshumaniza como decía Chaplin? En definitiva: Los siglos XVI, XVII y XVIII no debieron ser muy agradables para aquellos que no formaban parte del elitista mundo europeo.
Más preparados para la guerra que para el comercio, la piratería arraigó en el Océano Índico, arrastrando con ella las intenciones de monarcas europeos que perseveraban en su actitud recolectora y expendedora de divisas, sin comprender el verdadero concepto ‘Economía’. Pero visto que el comercio de metales preciosos no iva a ser cuestión de llegar a un territorio inexplorado, aniquilar a los nativos y robarles todo aquello que tuviera valor; los colonizadores comprendieron que el nuevo nivel de explotación iva a tener que contar con sus propios medios técnicos para prosperar. Así nació la industrialización en el siglo XVII.
Ya era demasiado tarde para andarse con rodeos. Así que se industrializaron territorios orientales donde el analfabetismo para con nuestra cultura imperaba. Debió parecerles muy fácil a los conquistadores occidentales engañar a los aborígenes de esas tierras vírgenes. Debieron pensar que ese primer paso garantizaría la paz de forma permanente y por eso firmaron un sin fin de documentos falsos con los líderes tribales, que luego no dudaban en romper en sus narices cuando consideraban que sus servicios ya habían prescrito.
Pero eso no diezmó la ingente flota de piratas que ya había hecho su hogar de la mar. Tampoco se invirtieron esfuerzos en reciclar el enorme dispendio que suponían los procesos de industrialización que, por su propia impericia, quedaron a medias. Y ni mucho menos garantizó la paz en un territorio que, en primer lugar se caracterizaba por su identidad nativa.
Me preguntó donde estaran ahora los aborígenes que debían vivir en las islas Seychelles antes de los ensayos nucleares de EE.UU. Dónde los habitantes nativos de las islas más orientales de África [Saint Denis o Port Louis]. La respuesta puede que no sea agradable. Como tampoco lo debió ser la intolerable e inquisitorial expulsión de judíos que se produjo en España, Italia, etc… en esa misma época. Será que la industrialización nos deshumaniza como decía Chaplin? En definitiva: Los siglos XVI, XVII y XVIII no debieron ser muy agradables para aquellos que no formaban parte del elitista mundo europeo.

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