22/3/10

ESCALOFRÍO



A principios del siglo XX la oscuridad se cernía sobre Europa. Era una oscuridad extraña; prácticamente un espejismo. Cómo en un encierro largo, o en una borrachera, la gente cada vez veía más; o creía ver más. Pero el fruto de la ilustración, la razón; estaba envenenado.

Al parecer el materialismo y la industrialización habían convertido los recursos naturales en una fuente inagotable de riqueza. El problema era que la mano de obra se encontraba alienada en un sistema autodestructivo y que se retroalimentaba. Imposible de ver para el ojo no adiestrado, pero ineluctablemente presente en las conversaciones y la vida cotidiana de los obreros. Los ricos cada vez eran más ricos y los pobres cada vez más pobres. El proceso de deshumanizar al proletariado ya había comenzado. Por suerte quedaban algunos burgueses empapados de los valores primigenios de la revolución francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Lerroux, Nin, Carrillo; puño en alto, cantando la Internacional, siempre se negaron a entregar su libertad y su destino sin luchar. Por eso se enfrentaron a la patronal en pos de una humanidad un poco más digna.

Y es muy importante que no nos engañemos en este punto. Millones de personas conformando la clase media lo confirman: Lo consiguieron. Pero sin duda lo lograron porqué estaban del lado de la razón, porque un obrero que trabaja 13 horas al día no es más productivo, es más irascible; porque un individuo con derecho a la seguridad social y al paro no es más irresponsable, es más constructivo y creativo, y sobretodo, porque una sociedad formada y bien educada, definitivamente no es más peligrosa; sino más civilizada.

Fue una época de gran esplendor cultural. En un primer momento las ideologias se extendían por doquier cómo la pólvora, en un sin fin de “ismos” y “istas” que parecían querer decir: - Aunque esta vida no sea más que un mar de lágrimas, con el trabajo en equipo y un objetivo común, conseguiremos encontrar nuestro propio camino. - Lamentablemente algunos acaudalados capitalistas no quisieron o no supieron entender el nuevo espíritu de la época y, aprovechándose de las estrategias de autodefensa de los sectores sociales más desfavorecidos, los desarmaban y los atacaban para poder controlarles mejor. Así, aunque no soy historiador, al parecer un falso atentado ludista constituyó por ejemplo el ‘Día Internacional de la Mujer’ en conmemoración de las 149 mujeres que murieron en 1857 al ser encerradas en la fábrica Triangle Shirt Waist Company en la que protestaban por una mejora en sus condiciones laborales.

Algunos acusarán a los liberalismos de haber condenado el alma católica de nuestra patria. Otros dirán de ‘Solidaridad Obrera’ que perpetuó la lacra del opio del pueblo, la religión. Unos pocos acusarán a la FAI de haber traicionado los nobles propósitos de la CNT. Otros opinarán justo lo contrario. Algunos incluso proclamarán que los nacionalismos no fueron más que una estrategia conspirativa para reducir la demografia europea. Lo cierto es que tan sólo es una paradoja: un laberinto sin salida. Todos tienen alguna razón; pero ninguno la tiene absolutamente.

Ironías del destino; las ideologías todavía evisceran al género humano como el paradigma que son de lo peor y lo mejor que hay en nosotros mismos. En mi opinión no es más que un recordatorio de lo frágiles que somos; la advertencia sobre la maldad que acecha al género humano desde la retorcida sobervia; sobre el caos que conduce al individuo que se deja guiar por una visión unívoca de la historia, al abismo.

Obviando que, de aquellos que lucharon por esas causas perdidas ya no quedan más de dos, lo cierto es que millones de personas fueron masacradas tanto en Europa como en España en lo que Agustí Calvet ya tildó acertadamente de preludio de la catástrofe. No podemos olvidar que, lejos de considerarse a si mismos una generación maldita, ellos se vieron en el mejor de los casos como héroes o salvadores del nuevo mundo, y cómo víctimas sin otra opción posible, aquellos que acusaron a sus estados de haberles chantajeado para luchar por unas causas que ni tan siquiera les eran propias.

Supongo que, como siempre, podríamos decir que todo se reduce a la escala de valores que uno tiene. Pero lo cierto es que la libertad para vivir en armonía, depende tanto de nosotros mismos como del resto. Supongo que eso es a lo que se reduce esta lucha de titanes descabezados. Lo que nos diferencia a unos de otros: el estar bien “ahora”… o el pretender estar bien “después”...

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