20/3/10

La revolución

Imagen de la toma de la Bastilla

Parece que los tabúes que siglos de escisión social, incultura endémica i totalitaismo medievalizante, empezarían a ser superados a partir del siglo XVII y XVIII; pero el coste en vidas humanas fue enorme. Ni sudamericanos ni chinos querían rebajar sus aspiraciones culturales y técnicas, pero el monstruo de la industrialización occidental lo arrastraba todo a su paso.

Parece lógico pensar que ahora tocaría hacer apología de la mecanización, pero nada más lejos de mi intención. Lo cierto es que de nuevo se optó por la defensa de valores rancios y arcaicos; dando así, no la primacía global a los imperialistas que la ansiaban, sino un cierto desasosiego a los habitantes de las colonias que, al menos por un instante pudieron soñar con una existencia vital paradisiaca.
Pero el espejismo duró poco. Lo cierto es que la industrialización arrastraría consigo en los siglos posteriores millones de vidas y almas en pos de un abstracto y difuso lucro que acababa en manos de las monarquias totalitaristas y absolutistas.

El coste bélico de la defensa de ése determinado estilo de vida, el monárquico, fue la desolación de centro América y la China colonial. Las fuerzas armadas del imperio eran alimentadas a base de decretazos inefables que constituían pena de muerte el tratar de esquivar. Los reyes de Europa siempre podían contar con hombres para el matadero, aunque fuera a golpe de balloneta. Sin embargo esa misma actitud que resultaba indispensable para los tormentosos tiempos que acechaban abominablemente, serían suplidos en Occidente con las importaciones de productos agrícolas americanos como la patata, los cereales, y el tomate.


Así es cómo fue posible la desaparición del hambre en Europa. Y eso supuso una regeneración general de los valores que la desidia y el abatimiento habían borrado del corazón occidental.
Una nueva generación de Europeos estaba creciendo a la sombra de los escasos progresos económicos y técnicos de las colonias; y esta generación quería dar carpetazo a la etapa del ser humanos primitivos e instintivos, para desarrollar todo su potencial intelectual.

Fue el auge de los ilustrados y la consecuente revolución intelectual desarrollada a partir de los centenares de ismos y istas que sembararían el mundo con la semilla de la libertad y la clase media.
Vanguardias culturales, romanticismo, pensamiento crítico, desarrollo científico... Todo el mundo quería esa nueva sabiduría; pero entonces sólo Occidente pudo desarrollarla. Y mientras tanto Norte-América era arrasada por la conquista del Oeste. Lamentablemente sólo los sur-americanos pudieron salvar su espíritu gracias a la tenacidad de los clérigos católicos.

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