¿Todavía hay futuro? No se trata de andar con victimismos ni de abogar por el determinismo. No se trata de imaginar pasados alternativos puesto que lo único que tenemos seguro es el presente y la promesa de un futuro fatuo. Si como dice Malthus, la humanidad se encamina a la constante carestía de alimentos, o si el status quo precedente se va a convertir en ley natural, es algo que, ni sabemos, ni queremos saber. Lo cual plantea serias dudas sobre si la razón del estancamiento económico contemporáneo no será síntoma, de la cobardía instintiva de un animal que, como el resto, tiene instinto de conservación. El hombre.
En mi opinión, los problemas hay que afrontarlos. Si la pobreza extrema aviva el fuego del terror, el odio y la guerra; deberemos acabar con ella. No podemos perpetuar los errores del pasado para llegar a la conclusión de que no hay conclusión. Se puede invertir en el desarrollo de los países en vías de desarrollo! Porqué de lo contrario estaremos dando la razón a los fundamentalistas que defienden qué no existe la justicia en el género humano. Qué la némesis que marcará el fin de nuestra especie procede de nuestro propio interior; y qué tratar de dar fin a la bestia que proclama que no hay salvación posible es un acto de ingenua vanidad.
No sabemos si en la otra vida habrá una justa retribución de nuestro trabajo, y por tanto permanecer en esta ignomínia es en cierto modo garantizar una progresiva reinstauración de la ignocracia [o IGNOCRACIA - el poder en manos de los ignorantes]. Y como hemos ido viendo, ese es el mayor peligro para la civilización en su globalidad.
Hemos hecho tremendos avances desde que inventamos la primera herramienta. Lo único que podría hacernos retornar a la edad de las cavernas es la destrucción de la civilización. Y como bien sabemos, eso es asequible para las guerras del siglo XXI. Aviones no tripulados, guerra virológica, control satelital, camuflaje de invisibilidad... La mejor forma de asegurar que el resto de guerras que nos queden por luchar serán proclamadas por los intereses de unos pocos que ni siquiera asistirán en persona a las catástrofes que habrán provocado.
Crisis de ansiedad, desconcierto, desafección política, desconfianza mútua... No basta con decir que se intentó y no se consiguió. Nuestro respeto al prójimo, a nosotros mismos e incluso a nuestra descendencia debe convertirse ya, en un motor para hacer extensibles nuestros progresos a la totalidad del globo.
Hay tanta riqueza y tanta pobreza… Tanto contraste. Esos polos opuestos están alejados; a veces por miles de kilómetros, a veces por frágiles muros de cemento. Pero ni esos muros aguantarán, ni esos kilómetros serán distancia suficiente; mientras un 5% de la población abarque un 95% de los recursos económicos del planeta. Un fenómeno conocido como Plutocracia y que recuerda por sus reminiscencias astronómicas al primer titán que inspiró a Cronos a comerse a sus hijos [entre ellos Zeus].
Estamos hablando del futuro de la humanidad. De tener una historia digna que contar a nuestros hijos. Deberíamos desatar definitivamente a Prometeo del monte Olimpo donde dos buitres le devoran cotidianamente el hígado; y poner definitivamente el fuego de la razón y el progreso, al mando del mundo. Meritocracia contra la necesidad de un mundo mejor. Para toda sociedad e individuo que lo necesite.
Qué utópico; ¿No? No lo se. Existió realmente nuestro pasado cavernícola? Porqué me parece que hace tiempo que quedó superado... Probablemente hay más santos en la prehistoria que en los últimos 6000 años de historia. Pero el legado que dejemos a nuestra descendencia no podrá ser sólo cenizas y polvo. Significaría que hemos fracasado. Estamos a las puertas de la evolución. De un nuevo orden donde ya no rija el caos. No deberíamos querer ser recordados como monstruos antropófagos...
En mi opinión, los problemas hay que afrontarlos. Si la pobreza extrema aviva el fuego del terror, el odio y la guerra; deberemos acabar con ella. No podemos perpetuar los errores del pasado para llegar a la conclusión de que no hay conclusión. Se puede invertir en el desarrollo de los países en vías de desarrollo! Porqué de lo contrario estaremos dando la razón a los fundamentalistas que defienden qué no existe la justicia en el género humano. Qué la némesis que marcará el fin de nuestra especie procede de nuestro propio interior; y qué tratar de dar fin a la bestia que proclama que no hay salvación posible es un acto de ingenua vanidad.
No sabemos si en la otra vida habrá una justa retribución de nuestro trabajo, y por tanto permanecer en esta ignomínia es en cierto modo garantizar una progresiva reinstauración de la ignocracia [o IGNOCRACIA - el poder en manos de los ignorantes]. Y como hemos ido viendo, ese es el mayor peligro para la civilización en su globalidad.
Hemos hecho tremendos avances desde que inventamos la primera herramienta. Lo único que podría hacernos retornar a la edad de las cavernas es la destrucción de la civilización. Y como bien sabemos, eso es asequible para las guerras del siglo XXI. Aviones no tripulados, guerra virológica, control satelital, camuflaje de invisibilidad... La mejor forma de asegurar que el resto de guerras que nos queden por luchar serán proclamadas por los intereses de unos pocos que ni siquiera asistirán en persona a las catástrofes que habrán provocado.
Crisis de ansiedad, desconcierto, desafección política, desconfianza mútua... No basta con decir que se intentó y no se consiguió. Nuestro respeto al prójimo, a nosotros mismos e incluso a nuestra descendencia debe convertirse ya, en un motor para hacer extensibles nuestros progresos a la totalidad del globo.
Hay tanta riqueza y tanta pobreza… Tanto contraste. Esos polos opuestos están alejados; a veces por miles de kilómetros, a veces por frágiles muros de cemento. Pero ni esos muros aguantarán, ni esos kilómetros serán distancia suficiente; mientras un 5% de la población abarque un 95% de los recursos económicos del planeta. Un fenómeno conocido como Plutocracia y que recuerda por sus reminiscencias astronómicas al primer titán que inspiró a Cronos a comerse a sus hijos [entre ellos Zeus].
Estamos hablando del futuro de la humanidad. De tener una historia digna que contar a nuestros hijos. Deberíamos desatar definitivamente a Prometeo del monte Olimpo donde dos buitres le devoran cotidianamente el hígado; y poner definitivamente el fuego de la razón y el progreso, al mando del mundo. Meritocracia contra la necesidad de un mundo mejor. Para toda sociedad e individuo que lo necesite.
Qué utópico; ¿No? No lo se. Existió realmente nuestro pasado cavernícola? Porqué me parece que hace tiempo que quedó superado... Probablemente hay más santos en la prehistoria que en los últimos 6000 años de historia. Pero el legado que dejemos a nuestra descendencia no podrá ser sólo cenizas y polvo. Significaría que hemos fracasado. Estamos a las puertas de la evolución. De un nuevo orden donde ya no rija el caos. No deberíamos querer ser recordados como monstruos antropófagos...
Jaques Fresco; arquitecto del futuro

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